Agricultura y energía fotovoltaica, la simbiosis perfecta

Agricultura y energía fotovoltaica, la simbiosis perfecta

La sostenibilidad es el principal reto al que se enfrenta la agricultura. Cualquier modelo agrícola ha de ser sostenible económica, social y medioambientalmente, o no sobrevivirá. En la actualidad, el creciente aumento de los costes de producción y la disminución de los márgenes de rentabilidad van estrechando el camino hacia la consecución de este desafío en el apartado económico y el agricultor debe utilizar las herramientas que tiene a su alcance para conseguirlo.

Para ello, el uso de energías renovables representa una alternativa óptima, pues abarata la factura eléctrica de la agricultura de regadío, a la vez que combate los efectos del cambio climático en la naturaleza. En el mundo hay más de 325 millones de hectáreas agrícolas de regadío, de las que el 6% necesitan el uso de energía, al tratarse de sistemas de aspersión o goteo. En España, el porcentaje de hectáreas en regadío se eleva hasta el 70%, representando 2,4 millones de hectáreas.

El riego por aspersión y por goteo incrementa notablemente la eficiencia hídrica de una explotación agraria. Sin embargo, el coste es mucho mayor que el del riego por gravedad, pues requiere de sistemas de bombeo en la mayoría de los casos. A ello se une el aumento de las tarifas eléctricas que han entrado en vigor el pasado 1 de junio, de ahí la necesidad de contar con herramientas que abaraten los costes que van asociados a la producción y que, además del riego, necesitan energía, como son el laboreo de la finca, la fertilización, la recolección y la logística.

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Energía agrovoltaica

La energía solar fotovoltaica se erige como la opción perfecta para la agricultura. Proporciona energía en aquellas zonas agrícolas aisladas que no cuentan con infraestructuras de red eléctrica para las labores propias de la finca, así como para el bombeo del agua de riego. Precisamente, España es uno de los países de Europa con mayor número de horas de sol al año, que, además, coinciden mayoritariamente con las épocas de más necesidad de riego. Esta energía también reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, mejorando el ratio de sostenibilidad de la producción agrícola, además de reducir la factura eléctrica.

El uso de esta energía renovable va de la mano de la apuesta por la modernización y el empleo de tecnología en el campo, pues conlleva la utilización de un sistema de control avanzado, denominado Riego Solar Inteligente, de forma que adapta los tiempos de riego requeridos en los diferentes sectores de la finca a la irradiancia disponible en cada momento, mejorando la eficiencia energética.

A medio plazo, se prevé un crecimiento exponencial del uso de energía solar fotovoltaica en la agricultura para la optimización del regadío y como fuente energética de la maquinaria y la industria de transformación agroalimentaria, contribuyendo a reducir los efectos del cambio climático y mejorar la sostenibilidad del sector agro.

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