La importancia del I+D+i en la agricultura

La importancia del I+D+i en la agricultura

Si eres agricultor y cultivas tomates, me gustaría hacerte una pregunta: ¿Qué características tienen tus tomates que los hagan mejores que los de otro competidor tuyo...? La cuestión no es baladí y se puede extrapolar a cualquier cultivo agrícola. ¿Cómo diferencia un agricultor sus productos? ¿Qué los hace especiales y únicos ante los ojos y el paladar del consumidor para que esté dispuesto a pagar más por ellos y, de esa forma, repercuta en la rentabilidad del productor? Piensa que si tus tomates son exactamente iguales que los de tu vecino, es como si vendieses tornillos en una ferretería: da igual dónde los compres, son tornillos, sólo cambia la forma o el tamaño.

El I+D+i como ventaja competitiva

Pero, ¿Cómo se consigue una buena diferenciación? El I+D+i tiene mucho que ver en el asunto… Se trata de un factor decisivo a la hora de distinguir el producto y puede aplicarse en cualquier eslabón de la cadena de valor, desde los insumos que se utilizan en el campo, pasando por las semillas, las herramientas y técnicas que se emplean para el manejo del cultivo, la forma en que se llevan a cabo las diferentes tareas, como el riego, la poda, la fertilización, el control de plagas y enfermedades o la cosecha, la planificación de las distintas etapas de la cosecha, el manejo de la información para la toma de decisiones, el procesado del fruto tras su recolección, su manipulado, el envasado, el packaging, así como la logística hasta que llega al consumidor, ya sea en la tienda del barrio, en un mercado de abastos o en un supermercado a miles de kilómetros de donde fue cultivado.

Para el productor, las innovaciones más destacadas y que le reportan mayores ratios de productividad y rentabilidad final suelen proceder de investigaciones que se centran en técnicas y mejoras en la producción, por tratarse de aquello más cercano a su quehacer diario. Sin embargo, no puede perder de vista aquellas mejoras que le proporcionan los avances tecnológicos aplicados al campo: drones, automatización y control del riego, blockchain, big data, imágenes por satélite, impresión en 3D, códigos QR, internet de las cosas…

La sandía sin pepitas, ejemplo de I+D+i

Un ejemplo de referencia internacional en I+D+i en el sector agroalimentario es la sandía sin pepitas, una apuesta que se lanzó al mercado por primera vez en 1992, de la mano de la cooperativa de segundo grado Anecoop. Fruto de varios años de investigación, dio con una variedad, la Reina de Corazones, que se adaptaba a las distintas zonas de cultivo y cumplía con los requisitos de sabor, textura y color que los consumidores asocian a este producto. Hoy, casi 30 años después, se trata de un proyecto que ha posicionado a esta entidad como líder en Europa en esta categoría de producto, con unas cifras de comercialización que superan las 125.000 toneladas cada año.

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La investigación es el futuro de la agricultura

A escala global, la investigación juega un papel fundamental para superar los desafíos a los que se enfrenta la agricultura a corto y medio plazo. El gran reto de producir más con menos para poder alimentar a una población creciente, que se estima que alcanzará los 8.500 millones de habitantes en 2050, sería inalcanzable si no se sustentase en el I+D+i. Gracias a la investigación, la producción mundial de alimentos ha logrado aumentar hasta un 80% desde 1960. Eso sí, en muchos casos, a costa de prácticas muy alejadas de los necesarios requisitos de sostenibilidad y cuya factura la viene pagando el planeta en los últimos años.

Las nuevas tecnologías aplicadas al campo desarrolladas a partir de la investigación científica son fundamentales no sólo para elevar la productividad, sino para mantener e, incluso, mejorar la sostenibilidad de los recursos naturales y el medioambiente. Además, la mejora de la calidad de los productos agroalimentarios es objeto de infinidad de investigaciones en la actualidad, encaminadas a obtener alimentos más saludables para una población cada vez más preocupada por su salud y, por lo tanto, dispuesta a pagar más por ellos.

Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer y un amplio margen para mejorar. Según el Consejo Económico Social, la inversión en I+D+i en España está descendiendo y es muy inferior al resto de Europa. Con datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, el gasto en actividades innovadoras aumentó un 2,3% en agricultura en 2019, al pasar de 188,8 a 193,2 millones de euros.

La inversión pública como eje principal

Las instituciones públicas, las universidades y centros de investigación, así como las organizaciones no gubernamentales y, cada vez más, la iniciativa privada, se están configurando como la piedra angular del sistema mundial de investigación agronómica. Es necesaria una apuesta clara y decidida por la inversión pública, al igual que es ineludible mejorar la transferencia del conocimiento y el I+D+i generados hacia el sector agrario para que se aplique de forma efectiva y esas inversiones tengan un retorno positivo que generen una inercia y un flujo circular para que una parte de esos beneficios obtenidos se inviertan en nuevas mejoras, y así sucesivamente.

Las empresas del sector agroquímico se están consolidando como un referente en su apuesta por el I+D+i aplicado a la mejora de su competitividad, así como para buscar una diferenciación única en el mercado frente a su competencia y para anticiparse a las necesidades actuales o futuras. Además, existe un componente social detrás de las inversiones de este subsector que contribuyen, en paralelo a su objetivo principal, a mejorar la imagen de la industria, históricamente dañada por las consecuencias de sus productos sobre el medioambiente.

Por su parte, las compañías dedicadas a la agroalimentación, es decir, que transforman el producto, invierten en investigación con el propósito de mejorar la productividad en la cadena de manipulado y envasado, así como en la mejora de la calidad y de las propiedades, la vida poscosecha, el packaging, así como la logística, lo que redunda en una reducción de costes y una mejora de los ingresos.

Mientras, los agricultores, cada vez más concienciados y con mayor posibilidad de invertir en I+D+i, de forma individual o conjunta, a través de cooperativas u otro tipo de organizaciones, buscan la fórmula para producir más con menos recursos, optimizando agua, suelo, insumos, etc, y apostando por la tecnología existente y por los nuevos avances que, a diario, empujan en este sentido. En su caso, por ser el eslabón más débil de la cadena de valor, son los más interesados en que la inversión en investigaciones e innovaciones procedan, cada vez más, de organismos públicos o entidades que los pongan a disposición de todos. De esta forma, no se quedarán obsoletos y podrán competir en unas condiciones lo más similares posibles a aquellos competidores que cuentan con recursos suficientes.

Fuentes bibliográficas y documentales:

http://www.feedingtheworld.es

http://www.feedingtheworld.es/empresas-agroalimentarias/inicio/la-importancia-de-la-idi-en-el-sector-agricola-una-apuesta-segura_354_3_403_0_1_in.html#:~:text=Para%20ello%2C%20la%20investigaci%C3%B3n%20en,mundial%20de%20alimentos%20desde%201960

https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176755&menu=ultiDatos&idp=1254735576669

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